La enfermedad que nos curó

CUANDO LOS ÚLTIMOS ESTUDIOS REVELAN QUE LA DIABETES ES LA QUINTA CAUSA DE MORTALIDAD EN EL PERÚ, YO YA HE APRENDIDO A CONVIVIR CON ELLA Y ESTOY FELIZ.
Foto: Andrés Lechiguero

Con 11 años encima, entre cajetillas de cigarros pensaba en mi vagabundo proyecto de vida, fuera de casa, lejos de mis padres que tantas desatenciones me tuvieron. A esa edad todo en mi cuerpo y en mi mente cambiaba, era la etapa pues, la pubertad; pero ésta me ayudó a darme cuenta de la gran tristeza que sentía al haber llevado una infancia infeliz sin mis padres, éstos ocupados en sus problemas laborales.


Pero algo inesperado me cambio la vida.

A la edad de 11 años, recuerdo, mi madre cayó enferma y a pesar de todo lo que me hizo, me angustié. Ella tuvo un desmayo en su trabajo, la internaron y estuvo hospitalizada como dos meses, sus signos vitales eran inestables, pero los doctores lograron controlar el mal… le detectaron diabetes.

No comprendía la gravedad de esa enfermedad pero esas dos semanas, en tristes circunstancias, pasaron cosas muy significativas para mí; en toda esa pesadumbre, dolor y oscuridad, pude apreciar la belleza en su puesta en escena más ostentosa e inmaculada.

Vi a mi padre llorando, escondido en los rincones de la casa observando una foto familiar de cuando mi hermana, la mayor, y yo teníamos 4 y 2 años respectivamente. Escuché sus tiernas palabras dirigidas a mi madre cuando se comunicaban por el celular todas las noches, después de finalizado el horario de visitas. Él la amaba.


En esas dos semanas, papá, por las mañanas, nos preparaba el desayuno, nos llevaba al colegio; al mediodía, almorzábamos juntos; por las noches, rezábamos y él velaba nuestros sueños.

Todo cambió para mí y para mi familia ese 14 de junio de 1999, la enfermedad de mamá requería un total cambio de hábitos tanto alimenticios y psicológicos como laborales. Esos cambios afectaron nuestro núcleo familiar… lo volvieron a componer.


Paso a paso.

Mi madre decidió renunciar a su trabajo y dedicarse a negocios que no le demandaran mucho tiempo, estrés ni preocupaciones para poder cuidar de su salud. Pero al mismo tiempo se redescubrió como madre.

Todos tuvimos que informarnos sobre la enfermedad, la cual no tiene cura pero sí un tratamiento. Recuerdo que tuvimos terapias con un psicólogo para mejorar nuestros vínculos afectivos y partiendo de eso iniciamos una preparación para con la enfermedad de mi madre puesto que a largo plazo ésta presenta terribles complicaciones.

Hace ocho años que nuestros alimentos son bajos en sal, condimentos y azúcar; hace ocho años que ya no tenemos apetito por las comidas chatarras y golosinas; hace ocho años que no dejamos de indagar acerca de la enfermedad y sus nuevos tratamientos. Hace ocho años que vivimos unidos… y pendientes de ella.


 
Sin embargo, se requiere mucho más.

No sólo procuremos que una persona aprenda a vivir con diabetes, sino también, aprendamos a convivir con ella.

Por experiencia propia les digo que una persona diabética necesita de cuidados no sólo a nivel médico, farmacéutico, alimenticio y físico; también necesita atenciones para la regulación y mejoramiento de su estado anímico.

Aunque nos cueste lágrimas e ira apabulladas… aguantadas; debemos volvernos más pacientes e indolentes frente a los desequilibrios emocionales repentinos que sufren “los diabéticos”. Lamentablemente esta enfermedad vuelve a las personas que la padecen mucho más sensibles ante los problemas que puedan enfrentar.

Recordemos que ellos requieren a su lado personas con un sentido abnegado de la tolerancia, la reflexión y la perseverancia. Que su mal no nos agote, sino que nos renueve como personas.

Hay más.

Actualmente, en el Perú se están desarrollando aproximadamente 2 millones de historias parecidas a éstas, claro que, en diferentes circunstancias, con otros personajes y de distintos orígenes, unas debido a un factor hereditario o desórdenes alimenticios, otras, por causa de la obesidad o por el estrés y preocupaciones. Pero todas con diferentes desenlaces, unas tal vez con finales integradores y alentadores como éste, otras con unos muy tristes, desoladores e indiferentes.

No permitamos que la cifra siga en aumento, cuidemos nuestra salud y la de nuestros seres queridos, pero vayamos más allá. Nada perdemos con hacer recomendaciones a los amigos y a tantas personas conozcamos, aprovechemos la oportunidad e informemos.

Yo pude cambiar mi perspectiva sobre la vida y si tú formas parte de una de las 2 millones de esas historias, sé que también puedes hacerlo.

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