Territorio Comanche, donde los caminos estan desiertos...
La objetividad periodística es una exigencia utópica. Es como pretender tocar un espejismo, que en un instante es y en el siguiente deja de ser. Sin embargo, esa objetividad es la garantía que el receptor tiene para poder creer.
Territorio Comanche, de Arturo Pérez Reverte, nos presenta en un lenguaje duro pero realista, como el periodismo va más allá de contar en televisión o periódico los hechos, y como se va dejando de lado fríamente la labor de “informar con exactitud”. Informar con objetividad significa hablar de las cosas tal como ellas son en su propio contexto, sin manipular o distorsionar ninguno de los hechos, discurso muy desviado de la realidad.
El primer capitulo de Territorio Comanche nos dice: por eso Barlés vio que Márquez, todavía arrodillado, se echaba al hombro la batecam y se ponía a grabar otra vez al muerto. Si el impacto caía cerca, haría un rápido movimiento en panorámica desde su rostro a la humareda de la explosión, antes de que esta se disipase. Barlés confió en que al menos una de las pistas de sonido de la cámara estuviese en posición manual. En automático, el filtro amortigua el ruido de los tiros y las bombas, y entonces suena falso y apagado, como en el cine.
Que tipo de objetividad puede haber cuando no hay responsabilidad al momento de tratar la información. El periodista pierde el horizonte de la verdad dejando de lado las bases del buen ejercicio de la profesión. Esto implica, una ética de quienes participan en esta histórica misión de informar a las masas de manera veraz conforme a los hechos “sin deformar deliberadamente la información". Todo con el fin de hablar de objetividad.
La falta de sensibilidad al tratar la información también contribuye con la carencia de objetividad. Alcanzar un punto de equilibrio entre el ser individual y el ser social en el periodista significa, justamente, asumir el plena conocimiento para responder a nuestros actos frente al mundo. Así, la ética cobra sentido y nos permite apreciar al interiorizar en nosotros mismo valores que luego se comparten y entran en contacto con los otros para dirigir la búsqueda de armonía y equilibrio social. Un periodista es un ente de cambio en la sociedad. No solo un observador de la realidad.
Le fastidiaba a Barlés o cualquier otro se le metiera en cuadro mientras grababa niños muertos entre ruinas, aunque a veces, cuando ya no podía más, dejaba la cámara en el suelo y también se ponía a remover escombros; pero solo cuando tenia suficiente imagen para minuto medio en el telediario. Cuantos Barlés habrá en el medio periodístico que solo le interese sus imágenes, hay que ser responsables y sensibles, no solo de cómo informar sino de lo que se está informando.
Pero no sólo es objetivo aquel que se limita a registrar la realidad sin comentarios ni interpretaciones y de hecho, los que limitan la tarea informativa a solo la trascripción rigurosa y exacta de los hechos y de las opiniones, tal y como se dieron en la realidad, sino que además aquel que trata la información debe hacerlo con responsabilidad y humanidad. El periodista no trabaja con máquinas como los ingenieros, ni con planos como los arquitectos, sino con personas que sienten. Un periodista nunca debe olvidar que también es un ser humano.
Durante la época dura, en Sarajevo, a eso lo llamaban ir de Shopping. Se ponían el casco y los chalecos y se pegaban a una pared en la ciudad vieja, a oírlas venir. Cuando alguna caía cerca, iban corriendo y graban la humareda, las llamas, los escombros. Los voluntarios a las víctimas. A Márquez no le gustaba que Barlés ayudase a los equipos de rescate porque se metía en cuadro y estropeaba el plano. Este claro retrato en Territorio Comanche muestra la deshumanización del periodista en la actualidad. Es la realidad cruda de los seres y los acontecimientos.
La labor periodística admite de una u otra forma la verdad objetiva como ideal supremo del buen informador. Y ello porque se trata de satisfacer un derecho humano fundamental de la persona “humana” y de la entera sociedad, cuyos intereses deben prevalecer sobre los particulares del informador y del medio. Desgraciadamente el ejercicio del periodismo no es una práctica autónoma. Los periodistas son trabajadores en relación de dependencia con las grandes empresas de comunicación; por tanto, deben amoldarse a las exigencias patronales, y la línea conceptual del medio para el que trabajan, no la fijan ellos. Se abre ahí, entonces, un dilema: el periodista profesional no informa lo que ve sino lo que el medio para el que trabaja le exige que informe. Disyuntiva muy difícil de superar, por cierto.
Según el Sony ICF de onda corta y la BBC, en un pueblo vecino la Armija habían descubierto una fosa con cincuenta y dos cadáveres puestos en fila hacen una fila muy larga. Además, tienen familia: hermanos, hijos, primos. Tiene gente que los echa de menos y al verlos allí, uno detrás de otro y recién desenterrados, se lo toma a mal. Para muestras un botón.
Como dice la obra: Era lo que ellos llamaban Territorio comanche en jerga del oficio…El lugar donde los caminos están desiertos y las casas son ruinas chamuscadas, pero donde me ha permitido conocer a través de sus páginas, el verdadero rol que viene cumpliendo el periodista. Allí donde la reflexión sobre la objetividad y responsabilidad en el tratamiento de la información finalmente encuentra una dimensión que explica por qué, durante mucho tiempo, la discusión sobre la ética fue un artificio inmerso en la labor periodística. Todo por lograr la mejor imagen, la mejor historia; cargada de sensacionalismo, gracias a la línea de un empresariado. En conclusión el informador que no es veraz, que engaña es a partir de ese momento que pierde el derecho a informar.
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