Aquí no es así


Florencio no sabía porque de tal nombre que sus padres adoptivos le pusieron al llevarlo a casa después de varios años buscando a un niño de ojos color café, sonrisa de arco iris, melena lacia y piel canela. En esos años de soledad que a Floro, le tocó vivir siempre rodeado de niños que corrieron la misma suerte, ésa que por infortunio del destino quedaran abandonados por los seres que les dieron la vida, talvez hechos con amor o no en una noche de locura o en algo planeado por solo una parte de los progenitores. Floro pensaba que la suerte de ser adoptado algún día - como el hijo de alguna familia feliz- nunca le sería otorgada, ya que éste se sentía hijo de todos los sacerdotes de la casa albergue que lo cobijó hasta la media docena de edad.

En tal momento de crisis social y política del país Pocho Riestra, empresario del plástico, quien vivía con una serie de problemas en el ámbito sentimental, como por ejemplo mencionar sus tres fracasos matrimoniales, dos acusaciones por intento de violación y un secuestro a una campesina durante su estadía en un pueblo hermoso, pero lleno de miseria. Este alto ejecutivo de una corporación dedicada al plástico y los productos derivados de éste, en su vida solitaria y cargada de lujos no le servía para nada cuando se trataba de formalizar una familia. El problema en si era su escondida infertilidad, detalle que tal empresario ocultaba a sus parejas y hacía responsable a ellas el no venir de un vástago a su mundo "asegurado". Así ninguna relación funcionaba bien. Pero un día, o mejor dicho una noche, como por cosas del destino, conocería en uno de los tantos compromisos sociales que el trabajo siempre le impondría, a una señorita de cabellera corta, pero de larga inteligencia, que le pusiera la vida de cuadritos en todos los planos que este empresario podría impresionar. Ella se llamaba Lady Torrejón y era una ex monja, de ojos color cielo, un porte de chalana norteña y exitosa abogada de la mejor cartera de abogados del país, valga la redundancia. En esa noche de presentación de un libro de poesía, de un viejo poeta nacional que no vale la pena hacerle publicidad, ellos se conocerían y sin desearlo comenzarían a enamorarse de una manera tan sutil, que no haría pensar que eran el uno para el otro. En esa misma noche, llena de pequeñas estrellas y con la luna en su cuarto menguante, alejados del resto de personas (empresarios, abogados, ingenieros, poetas, periodistas, etc.) interactuaban tan profundamente, que incluso llegaron a hablar del tema de la paternidad que a ambos le era esquivo, mientras Pocho con sus fracasos ya detallados anteriormente, Lady se consumía por el miedo a ser rechazada por algún varón al no tener tal don de la fertilidad. Entre risas y miradas esquivas, los tórtolos bebían y bebían sabiendo que no había ninguna posibilidad que temer, ya que si pasara algo más de un baile indecoroso, los riesgos de un embarazo no deseado serían más que nulos, sería imposible.

En tal época que esta historia se desarrolla, no sería la mejor del país que digamos, ya que la pobreza en los lugares más alejados de la patria era muy extrema: gente muriendo de hambre, desempleo, violencia generalizada o de enfermedades que el Estado, ese por el cual ambos no trabajaban (ya que ambos eran de empresas privadas) no se daba abasto para su total cubrimiento. Ellos siempre miraban de noche hacia las montañas, quizás como símbolo de aburrimiento, y no entendían por qué el mundo no podía ser igual para todos, pensando que ellos eran de la alta sociedad, con sus problemas que muy pequeños y hasta insignificantes con el dolor que sus compatriotas “los huérfanos del país”, como decía Lady, atravesaban día a día, pero sin embargo, ellos escondían con su corazón derrochador lleno de esperanza, una alternativa de ayuda a la gente más necesitada. Es por eso que deciden ir en búsqueda de compartir su mundo casi perfecto (por decirlo en el plano económico y social), con algún niño que cubra las expectativas que la pareja se habría trazado en la convivencia que ya compartían en tan poco tiempo. Es así que llegan a una casa hogar de sacerdotes dominicos, lejos de la ciudad del plástico, y realizan los trámites para adoptar a un niño, al cual bautizarían Florencio.

¿Para que ir a los 6 años de vida con unas personas extrañas? Si recién las conozco, no sé si serán buenas las intenciones o algo parecido – se preguntaba Florencia, apodado como "Floro", en su poco conocimiento de la vida. Para él, esta no era más que un simple hacer de las labores de campo y alguna lectura de un libro que nunca acabaría de leer. La rutina había marcado su vida hasta ese entonces, las noticias en el pequeño, viejo y único televisor del albergue que actulaizaran sus datos y conocimientos de la realidad social, pero que por cosas que el destino tiene pensado, sería elegido por una pareja con posibilidades para hacer feliz a cualquier niño. Pocho trataba de convencer a tal niño que el camino de la felicidad estaba junto a él, mientras que el niño manifestaba un pensamiento de ayuda a todos los niños del albergue. Floro no quería ser adoptado, el quería el bien común o, por así decirlo, el beneficio para todos sus hermanos del albergue que corrieron la misma suerte.

A Floro no le importaba el pasado, ni siquiera saber por qué sus padres lo abandonaron a su suerte en un parque frío de tal pueblo, en donde los perros se comen a los perros o la falta de dinero hace que las personas se “canibalicen” unas de otras. A este niño lleno de una sabiduría que le habían impuesto los libros de los sacerdotes o talvez solo la realidad que sin querer ya analizaba a sus cortos 6 años de edad, no le llamaba mucho la atención la vida de lujos que le esperaba al ser adoptado por la pareja. Para él la gente del pueblo se quedaba impresionada por los discursos de algo de política que este pequeño ser, a veces, manifestaba cuando bajaba a la plaza principal de tal localidad, hablando sobre la ignorancia que sus paisanos debían superar. Y es por eso que a su disconformidad del pequeño Floro, éste sería adoptado a la fuerza, pagando una jugosa cantidad de dinero que los sacerdotes no podrían rechazar, por la pareja de infértiles que ya tenían planeado otro futuro para tal niño. Pero que éste, sin embargo, también tenía planeado algo para la gente de abajo, para gente de su pueblo marginado por la clase social de donde sus nuevos padres venían.

La noticia de su adopción dio la vuelta a a toda la región, los pueblos vecinos conocían tal manejo de la palabra de Floro, que no pensaban que fuera adoptado por una simple pareja de "ricachones" de la ciudad del plástico.

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