LOS PEQUEÑOS TRABAJADORES DE LA “LA CIUDAD DE LOS MUERTOS”

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Los cementerios siempre han significado para los niños un lugar escalofriante, pero para Pablito es su centro de trabajo. A su muy temprana edad, aprendió a ganarse el pan de cada día con esfuerzo y sacrificio, es por eso que cada mañana con balde y franela en mano se dirige a la “ciudad de los muertos” en busca de unas cuantas monedas para subsistir en esta vida cruel e injusta.
- Señorita ¿le pongo su ramito? Me dijo
Su tierna mirada y su sonrisa tímida hicieron que yo no me pudiera negar a tal pedido. Así como Pablito son muchos los niños que están a la espera de las personas que acuden a visitar a sus familiares y amigos para ofrecerles sus servicios.
- ¿Dónde queda?
- Es en el pabellón Juan pablo II , pero no sé donde exactamente
- Ah está por allá
Estos niños aparte de poner agua y flores en los nichos sirven como guía para los que no conocemos muy bien el cementerio por dentro.

“Trabajo limpiando los nichos desde hace cuatro años. En mi familia somos ocho. Cada día gano entre 5 y 10 soles. Con ese dinero ayudo a mis padres. Estudio en el colegio san marcos (en el turno de la noche) estoy en cuarto grado de primaria". Así me contó mientras hallábamos el nicho de mi abuelo. La pobreza ha obligado a Pablito, como muchos otros niños, a cambiar los carritos de juguete por herramientas de trabajo como baldes de agua y franelas para ayudar a mantener a su familia.

Luego de tanto caminar encontramos el nicho.
- Es el de arriba, el 806 ¿podrás?
- Si claro , voy a treparme
No pude dejar de mostrarle mi preocupación, si se llegara a caer, pero muy seguro de si, empezó a trepar nicho por nicho hasta llegar al lugar indicado. Ya arriba limpió todo el polvo con su franela y puso el ramito de flores en una botella descartable que se había encontrado en el camino, para posteriormente ubicarlo correctamente. Culminado el trabajo, bajó rápidamente. Yo no lograba entender aún cómo un niño de apenas 10 años podía hacer tal maniobra.
Son muchos los peligros por los que tiene que pasar estos pequeños, pues arriesgan su vida, al subir (algunos agenciados de una escalera) hasta más de cinco metros de altura sin protección alguna. A diferencia de otros trabajadores, estos niños no reciben ningún tipo de seguro que vele por su bienestar y la de su familia.
Misión cumplida me dijo, esperando con ansias su recompensa, le pregunté cuanto era el pago por sus servicios y con voz dijo: es voluntario. A pesar del gran trabajo que estos niños realizan, son muy mal pagados ya que solo reciben propinas y no un salario determinado.
Saque de mi bolsillo dos soles y le puse entre sus pequeñas y sucias manos, muy sonriente se retiro de prisa en busca de otro cliente.
El cementerio de Miraflores es un lugar donde aproximadamente trabajan unos 200 niños, niñas y adolescentes que comprenden de seis a 18 años de edad. Provienen de familias de pocos recursos económicos que viven generalmente en zonas como la Esperanza, Florencia de Mora, El Porvenir y Alto Trujillo. En consecuencia estos niños se ven en la necesidad de salir a trabajar para ayudar a sus familias, y en algunos casos mantenerlas. Sin embargo, están expuestos a todo tipo de peligros como la discriminación, violencia, explotación, abusos sexuales y accidentes, entre otros. El cementerio Miraflores tiene muchos de estos peligros y es de considerar la cantidad de niños, niñas y adolescentes que trabajan en él. La municipalidad ha hecho muchas acciones para contrarrestar este problema pero, no es suficiente. Estos niños necesitan trabajar, protejámoslos y no rompamos sus ilusiones haciéndolos caer en la delincuencia por falta de oportunidades.

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