Territorio Comanche: Una Historia Que Te Atrapa


Hablar sobre guerra es, en definitiva, un tema delicado y controversial, pero a la vez triste y cruento. En Territorio Comanche, Arturo Pérez-Reverte nos enfrenta con la visión más real y descarnada, no exenta de ternura e ironía, sobre el trabajo de los corresponsales de guerra en la ex Yugoslavia.
Al leer las primeras páginas de esta gran obra es imposible controlar ese nudo en la garganta producto de la desazón que toda guerra (“porque todas las guerras son iguales”) puede genera. Y mucho más cuando quien lo narra es un testigo sobreviviente de todas las penurias y avatares de algo similar a lo que ofrece con su pluma. ¿Quién sino podría dar mejor visión de un panorama tan sombrío que alguien al que la muerte le ha tenido en punto de mira?

Y es que el autor nos entrega un relato descarnado sobre la confrontación bélica a que dio lugar la división de Yugoslavia (Guerra de Bosnia) a principios de la década de los noventa del pasado siglo. A lo largo de la narración de la historia, el autor, experto en estas situaciones y testigo excepcional de aquel desastre, nos desgarra las miserias e iniquidades de la que es capaz el ser humano cuando aflora el instinto de supervivencia en tiempos de guerra y relata el día a día de un reportero en medio de la contienda.
Pero como toda historia (sobre todo las basadas en hechos reales), tiene un trasfondo, ésta no podría ser la excepción ¿Qué trasfondo podría tener una historia relacionada con la sangrienta y tan detestable guerra, la de Bosnia o cualesquiera?
La respuesta está enmarañada en la vida política, ése asqueroso monstruo hambriento del poder, ése que no discrimina raza, edad, religión con tal de conseguir sus objetivos.

Todo sistema, y por - qué no el político, termina siendo un frágil castillo de naipes. La opción más absurda para consolidar su hegemonía es unir fuerzas o sus armas; la idea es que a toda costa pueda mantener el poder, ése que por tantos años ha sido artífice de incontables bélicas.
Para muestra un botón: En los últimos años la guerra por el petróleo (por ejemplo en Irak) ha sido la causa de innumerables pérdidas materiales y humanas. Lugares que fueron escenario de esta contienda y del que ahora sólo quedan escombros y desolación, testigos del horror vivido. Niños, mujeres, ancianos entre los cadáveres, uno que otro cuerpo despedazado (ya que más da), y todo el mundo repudiando la antesala del llamado fin del mundo pronosticado por Nostradamus y del que la Biblia también nos alerta; y es que nos estamos matando entre sí.

Hasta la mínima posibilidad de supervivencia en el campo de horror (Territorio Comanche) es válido ate el certero mortero de uno de los francotiradores.
¿Cómo explicar todas las sensaciones, remociones y sentimientos encontrados a raíz de la lectura de la obra? Lo extraño sería, ser insensible ante el cuadro, ser inhumano, no se podría concebir el hecho de ser un lector frío y desinteresado del tema.
El lector en forma indirecta nos hace partícipes de la historia y al formar parte de ésta nos identificamos con Barlés y Marqués, y con toda aquella coyuntura que vivieron. Y por- qué no soñar despiertos y vivir esta historia siendo uno de ellos, esquivar las balas, filmando a los soldados luchando entre sí, a los sobrevivientes y a los muertos, éstos últimos más accesibles a ser filmados y fotografiados; como dice el autor: “No hay nada mas quieto que un muerto”
¿Ser corresponsal de guerra? Alguna vez lo pensé, y no desecho la idea aún, mucho menos ahora que tengo una historia no tan ficticia de ese ambiente tan desolador por un lado, por lo que por otro (lado) no permite inhibirse del todo, si no llenarte de espíritu y esperanza de que al arriesgarte un buen producto puede salir de tus manos, de tu entrega y que contribuirá potencialmente al desarrollo cultural de asuntos relacionados con la temática de la guerra.

En nuestro contexto se viven y se han vivido también guerras internas como las que fue protagonista la organización Sendero Luminoso que irrumpió en Lunamarca (Ayacucho) por los años 80` y que a punto de golpes y machetazos desató una cruel represión en contra de los pobladores de aquella comunidad. Pero eso fue sólo el inicio de una guerra interna que duró mucho más años, y que evidencio la lucha por el poder que esta organización ascendía en sus doctrinas.
Hasta el mismo gobierno fujimorista, con los vladi-videos y toda la podría corrupción que desenmarañaban la siempre justificada lucha de poder que los gobernantes llaman en las campañas electorales: “cambio social”, es prueba evidente del hambre por el poder, que hace citar la frase maquiavélica “el fin justifica los medios”.
Creo que el puente Biojolo Polje, tan mencionado en la obra, representa el límite de nuestros miedos y desventuras, sea una guerra o en cualquier situación de la vida “sobre todo no crucen el puente, se exponen a quedarse del otro lado”, Bijelo Polje nos inspira o invita a reflexionar sobre nuestros actos y a preguntarnos si somos capaces de cruzar aquel puente que pude implicar una pesadilla y que, sin horario estelar, lograría inmortalizar una gran hazaña, tu hazaña, vence tu miedo.

En definitiva, Territorio Comanche te engancha desde el principio, desde sus primeros párrafos te induce a seguir con la historia hasta culminarla. Por ser una narración interesante que te habla de guerra y la función de los corresponsales que cubren estas calamidades. De alguna manera muestra la realidad de las contiendas bélicas y de las consecuencias que origina, en un plan de catarsis, Arturo Pérez-Reverte nos contagia de una desmoralización al tener una guerra tan de cerca, el odio que se puede generar, la muerte y la miseria humana de la que puedes ser partícipe como corresponsal o como un simple observador.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More