En una tarde primaveral fui a la plaza cerca de mi casa, había mucha gente y todas las bancas estaban ocupadas. Bueno decidí sentarme al costado de una anciana seria y con cara de pocos amigos, lo peculiar de ésta situación es que el lugar donde tomé asiento eran unas bancas de forma circular el cual era conocido como el “asiento de los jubilados” porque la mayoría de ancianos de la localidad disfrutan de un momento tranquilo y agradable, sin embargo decidí estar en ese lugar por la sencilla razón de compartir con ellos algunas de sus experiencias y saber porqué cada fin de semana eligen este espacio para recordar, y ver como ha cambiado el lugar donde crecieron y formaron toda una vida.
Pues bien, a mi costado había una amable anciana, que cada vez que la observaba me sonreía. Una mujer lleva a cuestas más de medio siglo de vivencias, recuerdos, tristezas y amores; sus ojos eran el reflejo de una ternura y dulzura incomparables. Después de observarme minuciosamente y sorprendida me dijo: ¿Cómo te llamas? – Le respondí – Buenas tardes soy Sofía – y usted ¿Cómo se llama? Le pregunté- Esther y dime ¿qué haces por aquí? – paseando y tratando de distraerme un rato, respondí. Qué bueno hijita, me sorprende un poco sabes porque ya los jóvenes de ahora ya no se divierten sanamente ¡Todo ha cambiado!- solo atiné a decirle que tenía razón, pues los tiempos han cambiado y las personas también, era tan amena la conversación que nunca imagine que conversar con alguien tan viejo, llena de experiencia y sabiduría me agradara tanto, fueron muchas las cosas que hablamos; es más aquella mujer no dejo en ningún momento de aconsejarme y decirme que piense bien, antes de tener enamorado- con una ligera sonrisa le contesté- no se preocupe lo tomare en cuenta ¡gracias!... Jajaja.
Ya era tarde, empezaba hacer frío, a pocos metros de las bancas de aquella plaza, una mujer junto a su menor hija preparaban unas provocativas papitas rellenas, que no caerían mal a la hora del lonchecito. Esperé a que terminen de freírlas y estuvieran doraditas como me gustan. Compre dos papas y una se la di a la señora que estaba sentada junto a mí ¡gracias! – me dijo. Entonces disfrutamos de aquel momento tan agradable observando el paisaje, transitaba mucha gente por el lugar y varias motos taxis como solemos llamar a estos medios de transporte. De pronto mi mirada se desvió hacia una de las bancas de la plaza, eran unos jovenzuelos que al parecer estaban prestos para declararse su amor, porque como toda persona enamorada los ojos te brillan y hasta me atrevo a decir que los note temblorosos, este momento me sensibilizó porque a pesar de su corta edad y experiencia ya experimentaban el sentimiento más puro e insufrible, el amor, ¿Amor? o ¿simplemente una ilusión? Preguntas difíciles de explicar, pues quién lo sabe con certeza, en la etapa de la adolescencia.
Sin embargo, toda esta tranquilidad se tornó oscura como una sombra, cuando un adolescente de apariencia dudosa le extraía su bolso a una mujer embarazada que paseaba gustosa con su menor hijo, éste le arrebató bruscamente sus pertenencias; ella desesperada gritó ¡Me roban! ¡Choro! Y las personas que estábamos cerca gritamos pero de nada sirvió el “choro” como la señora lo llamaba, corrió entre unos callejones cercanos a la plaza, donde fue imposible ubicarlo. Increíblemente a una cuadra de la plaza se ubica la comisaría del sector pero nadie vio nada.
Si bien es cierto, la delincuencia común es el principal flagelo de la cuidad. Pues las cifras indican que los delitos de robos han disminuido en un 20% en Trujillo, gracias a los operativos constantes que realizan los efectivos policiales.
En trabajo conjunto se han hecho investigaciones con el propósito de conocer las percepciones ciudadanas sobre los problemas de inseguridad pública en los distritos más populares de Trujillo y otros temas de interés social. La delincuencia es uno de los problemas más graves de Trujillo, según el 38 % de los encuestados, seguidos por los asaltos, las drogas, homicidios, prostitución, alcoholismo, violaciones, etc. Por lo que, los ciudadanos fueron consultados sobre las alternativas de solución a este problema siendo una de ellas las campañas educativas para mejorar la calidad de vida de los jóvenes exigiendo una mayor acción policial y la aplicación de leyes más severas.
Después de aquel desagradable hecho sentí tanta impotencia como nunca y darme cuenta de la indiferencia de la gente, aunque qué se puede esperar en un país donde ya estamos acostumbrados a observar la impunidad como pan de cada día. La tarde se tornaba fría y triste ante tal hecho lamentable.
Pues la hora lo ameritaba ya era las 6:45 de la tarde, era hora de regresar a casa, me puse de pie y me despedí de mi compañera de asiento en aquella banca de la plaza. Ojalá regrese la próxima semana – me dijo – cuídese- le respondí, al y observar con paciencia toda la plaza, me percaté que todo lo romántico, lo acogedor de aquella bella plaza cambio por basura tirada sobre el piso y las plantas. El día terminó y con él la magia de aquel lugar colmado del frío y la soledad del invierno.




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